La Curva de la Salud

Cuando las curvas siguen caminos distintos

Ya que estamos en plena contingencia de la pandemia, hemos recibido diversa información respecto de conceptos como “la curva de los contagios” (del Covid) o el objetivo de los gobiernos de “aplanar la curva”, y esto no es más que la representación gráfica de muchos casos, que en particular representan puntos, y muchos puntos podrían llegar a representar una curva, si es que tienen un patrón medianamente en común.

Corría el año 1981 aproximadamente y se genera otro de los inventos de nuestro país en vías de desarrollo ochentero, y es que se crea el sistema de salud privado, o sea, las Isapres. Esta herencia de la obra de Jaime Guzmán y su constitución, que dicho sea de paso estamos a sólo un par de meses para tener la opción de un plebiscito para poder manifestarnos si queremos cambiarla o no, es un sistema que regula y privatiza la salud “agregando” una opción al sistema de Fonasa (sistema público y solidario) en que se crearían un montón de instituciones que prestarían y administrarían los recursos de previsión de salud, con el (ingenuo) espíritu de generar libre competencia y ofrecer un mejor servicio a la gente.

El tema es que, en muchos casos, a medida que uno avanza en la línea de tiempo de la vida, la cobertura de la salud (privada) se hace menor, y es cuando uno más la necesita. Cuando uno es joven, en general, no necesita ir mucho al médico, y uno quizás ni tiene muy claro que posee una gran cobertura de salud y sobre todo si uno es hombre (ya explicaremos ese tema). Pero cuando uno se hace viejo y realmente necesita ir al médico sucede que muchas veces y a lo largo de la vida laboral, la Isapre le metió el gol a uno y sin darse ni cuenta su plan tiene una cobertura menor o de una calidad más deficiente o de un precio mayor o todas las anteriores juntitas todas. Si hasta no hace muchos años las Isapres lo hacían renunciar a uno a los excedentes a cambio de cosas ambiguas como “coberturas en el extranjero” y otras poco útiles. Ah, y esto cambió no porque “se pusieron buenas personas” sino que porque las obligaron por ley.

Otro tema tanto más incomprensible de nuestro peculiar sistema de salud, es que hombres y mujeres no pagan lo mismo por un mismo plan. ¿Cómo es eso? Se trata de que, por ejemplo un hombre de 30 años, sin hijos y sin enfermedades, paga menos por el mismo plan que una mujer de los mismos 30 años, sin hijos y sin enfermedades. ¿Por qué? La razón es porque ella está en la temida etapa de “la edad fértil”. O sea, que comercialmente ella tiene un riesgo o probabilidad de ocupar más el sistema de salud que el hombre. Y uno piensa “¿pero si no es precisamente para eso que uno tiene un plan de salud?”. Y si, pero no hay igualdad para ambos. O sea, si soy hombre soy más barato que una mujer, si soy joven soy más barato que un anciano, ¿etcétera? Sí. Aunque no lo crea el sistema está hecho para no usarlo.

Y si bien las cosas han mejorado y se han regulado algunos aspectos, todavía hay mucha desinformación, la información es engorrosa, hay elementos como los excesos que poca gente entiende, u otros como los excedentes que tampoco son tan fáciles de comprender. Si desde el año pasado a las Isapres las obligan a devolver los excedentes en dinero una vez al año, porque en muchos casos se eternizaban “mini cuentas corrientes” de afiliados a Isapres con montos millonarios que nunca se ocuparon y …..”topón pa’ dentro no más (como decimos en Chilito)”. Y bueno, hay tantos temas ilógicos, como el caso de los excedentes, que no es más que la diferencia entre lo que vale mi plan y lo que me cobran efectivamente por éste. Porque es bien sabido que el 7% del sueldo va para pagar el plan de salud, pero muchas veces éste monto en pesos es mayor que lo vale mi plan, o sea, si por ejemplo mi plan vale 10 y me descontaron 11, se genera 1 peso por excedente. El caso es que uno pensaría que éste “dinero” uno podría retirarlo cuando quisiese y te lo pagan y llega a tu bolsillo, pero la respuesta es un gran NO. Este dinero se puede sólo ocupar en compra de cosas como remedios y atención médica. Bueno, no tiene tanta ilógica entonces si uno puede ir al doctor y a comprar remedios con el dinero que a uno le descuentan, hasta ahí algo cuadra, pero el caso es que la Isapre te dice donde y qué puedes comprar. “¡Quéeeeeee! Si, si nos vamos al tema de la compra de remedios, la Isapre decide donde puedes comprar y que cosas puedes comprar. A esta altura uno no entiende como cresta a uno lo cagan por todos lados. Y así es, la Isapre te permite comprar en las farmacias que ella te designa y los remedios que ellos consideran válidos. Bueno, hay alguna que ya flexibilizó esto y puedes comprar de todo, pero donde ellas te dicen. Y claro, los convenios entre Isapres y Farmacias están estrechamente ligadas por la sombra de alianzas turbias, casos de colusión y la Integración Vertical, de la cual ya hemos hablado en esta columna en reseñas pasadas.

O sea, ¿no puedo ir comprarme un perfume a la farmacia que yo elija con mi plata? La respuesta en la mayoría de los casos es NO. Y ni hablar de la forma en que se destaparon los casos de colusión entre las 3 principales farmacias, Ahumada, Salcobrand y Cruz Verde, en que la Inteligencia de Negocios estaba tan profundamente avanzada en los hábitos de consumo de la gente hasta que a una persona le ofrecieron remedios para los cuales esa farmacia no tenía como saber, dicha persona reclamó, se destapó la olla llena de mierda y quedó la zorra. Uno pensaría que con eso hubo ejecutivos en la cárcel y se acabaron las colusiones en las farmacias, pero la respuesta nuevamente es NO; nadie fue preso, las farmacias se hicieron millonarias y hoy se siguen coludiendo, pero con discreción.

Preexistencias. Un término que uno pensaría que suena más a paleontología, a dinosaurios o a algo complejo. Pero no, son las enfermedades y antecedentes médicos que uno tiene, y que carga por la vida cual cruz en película de semana santa. Es decir, si uno tiene una enfermedad como antecedente no hay plan que cubra dicha enfermedad o sale un ojo de la cara. Entonces, si uno tiene cobertura cuando joven pero no cuando viejo, si uno es mujer es más caro que ser hombre, si tener un hijo sale más caro que no tenerlo o si uno tiene una enfermedad que no la cubre el plan, ¿para qué mierda sirve entonces el plan de salud? ¿para una persona joven que no se enferma? La respuesta va por ahí, o sea tiene mucho de humo. 

Por último, uno podría pensar de que con lo caro que son los planes, uno no debería pagar nada por la atención, al menos la estándar, pero no, cada ida al doctor hay que pagarla, cada examen hay que pagarlo, cada remedio que te receta el doctor hay que pagarlo. Y aquí nuevamente me detengo, los laboratorios pagan costosos viajes disfrazados de “capacitaciones” a los doctores para que receten sus remedios y no otros a sus pacientes. O sea, los médicos son casi si fuerza de venta. Resulta que una vez fui al dermatólogo por una alergia de mierda que me agarré cuando fui a China hace un par de años y me dijo que tenía la piel seca y me recetó una crema carísima que costaba como 40 lukas (unos 50 dólares) de un laboratorio muy pituco con nombre en francés y que nunca había escuchado, que la usé y no vi cambio alguno. Quizás me habría hecho el mismo efecto una crema Lechuga de 2 lukas (3 dólares), quien sabe.

En resumen, ojalá no enfermarse, si hay que ir al doctor hay que pagar el bono, si hay que hacerse un examen hay que pagar (algunos médicos más gente te dicen “no se lo haga acá que sale muy caro, vaya a Integramédica”), si uno quiere ocupar los excedentes de la Isapre no puede ocuparlos donde y como quiera, el médico que te receta un cierto remedio tiene una pinta de que está comprado que árbitro en Final de la Libertadores del ’73. O sea, todos te cagan y quizás es mejor rezar o acercarse a la medicina de las plantas, no sé.

Yo doy por seguro que si me salgo de la Isapre, junto toda la platita que me descuentan al año, la multiplico por los últimos 10 años, me puedo comprar un departamento en oferta usadito. Y junto con ese ejercicio, lo que he gastado en doctores, remedios y exámenes no debe ser ni la mitad de toda la plata que me han descontado en el periodo que les indico. Es que apuesto una parrillada en la Hacienda Gaucha con un Merlot reserva de que es así.

Bueno, y para finalizar, mi propuesta es qué si a uno le descuentan una fortuna de plata, al menos no tenga que pagar ni uno por ir al médico, o que incluya el 95% de todo los que involucra (consultas, exámenes, remedios), de modo que “la experiencia de compra” sea a toda raja, y quede muy satisfecho. Pero siento que aparte de descontarme una fortuna por el plan de salud, además tengo que pagar por todos los ítems que les indico, y con ese velo gigante de oscuridad y turbiedad. Y por otra parte, de que hombres y mujeres paguemos lo mismo, o que el sano subsidie al enfermo, el “Karen macho” subsidie a “Karen”, y así, que sea un sistema más solidario y eficiente, básicamente más eficiente.

Mi ojo derecho ya no resiste más violación. Y el izquierdo está cansado de ver como se afilan al de al lado. Perdón por mi francés. Besitos.

@postinodechile.

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